Cuando se conservaron las técnicas de lucha del garrote, estas estaban repartidas entre muchos informantes de todo el archipiélago, personas que llevaban treinta años o más sin coger un garrote. Todos ellos tenían una base común de técnicas, agarres y característica de los garrotes. Pero, afortunadamente, muchos de estos maestros de la tierra aportaron técnicas concretas que habían aprendido y que enriquecían el repertorio general.
Como sucede en un currículo educativo, estas mañas fueron ordenadas según criterios precisos. El más destacable era la dificultad, que indicaba que debían aprenderse primero y qué después.
Para que las personas tuvieran conciencia del nivel adquirido, a estos niveles se les denominó según pintaderas o estrellas.
Este año ya tengo reconocida la 7ª estrella (de 10 en total), lo cual me alegra y me anima a seguir trabajando y difundiendo nuestras artes de combate para que nunca más se encuentren en la situación moribunda en las que se las encontró Jorge Dominguez Naranjo en el momento en que inición sus investigaciones a finales de los 70 del siglo pasado.
